Presentación de la novela
Al este de la flora apacible
De Mario Payeras
Guatemala, noviembre del 2010
Yolanda Colom



Introducción
La publicación de esta novela de Mario Payeras (1940-1995), escrita entre 1990 y 1994, es fruto de la dedicación y el esfuerzo que el autor invirtió en ella. Pero también es producto de mi voluntad de contribuir a mantener viva la memoria de los guías espirituales y pobladores Chuj y Q’anjob’al perseguidos, presos, desposeídos y asesinados por los poderosos de ayer y de hoy; de los masacrados durante el período de terror de Estado Contrainsurgente: Río Seco, San Francisco, Petanak, Xelbep, Yolq´ultaq, Yalcastan, Yaltoya, El Aguacate, Yalambojoch, Yalanwitz, Pojom, Momonlaq. En especial la memoria del Alcalde Rezador, sabio, lengua y conciencia del pueblo Chuj, don Juan Domingo Diego, anciano de más de 100 años de edad, asesinado por el Ejército de Guatemala el 31 de mayo de 1981, durante la llamada “Noche negra de San Mateo”; en homenaje a los miles de hijos anónimos de los pueblos Chuj y Q´anjob´al que se han rebelado contra la opresión, el abuso y la injusticia.
Desde la colonia hasta la fecha, estos pueblos han sido diezmados varias veces por autoridades violentas y codiciosas; por epidemias como el tifus, la viruela y el cólera. Han sido forzados a migrar numerosas veces, expropiados de sus tierras y obligados a abrir caminos y levantar cosechas sin pago alguno. Pero también se han alzado en innumerables motines y levantamientos contra el tributo, el trabajo esclavo, las deudas vitalicias y hereditarias, el reclutamiento forzoso, la insolencia de autoridades, los cepos y azotes de los terratenientes. La historia dominante silencia las múltiples veces que se han sublevado a lo largo de la historia por la legítima defensa de su dignidad, vida, cultura y tierras comunales porque a los sectores dominantes les conviene difundir una imagen de conformismo y sumisión de los explotados y oprimidos por ellos.
Ojalá que el aliento de este libro llegue a los Cuchumatanes, al corazón de la región Chuj y Q´anjob´al: San Mateo Ixtatán, San Sebastián Coatán, Nentón, Barillas, Santa Eulalia, Soloma y San Juan Ixcoy. Ojalá que contribuya al conocimiento de estos pueblos guatemaltecos, su cultura y sus idiomas, Ojalá que aporte razón y fuerza a la lucha por la emancipación de los pueblos indígenas. Ojalá que despierte el interés por la recuperación de la historia de los Cuchumatanes y las selvas del Yich Kan.

El intelectual y su obra de compromiso.
Esta novela entraña una responsabilidad social y una actitud ética del autor, quién volcó su acción, pensamiento y sentimiento, coherente e incondicionalmente, del lado de los oprimidos y explotados. Para Mario Payeras el compromiso integral fue una forma de vida, una adopción profunda de principios y valores, aplicados en todos los aspectos de su vida y militancia revolucionaria. Como toda su obra escrita, expresa su concepción del mundo y su posición en la lucha social. De esa integralidad emana la calidad y trascendencia de su obra en general. Obra que comprende no sólo el fruto intelectual que nos legó, técnica y científicamente elaborado con esmero y dedicación, sino también la honestidad y claridad con que nos aporta su pensar, sentir y actuar.
Mientras la utopía, las convicciones y los principios de tambaleaban o desaparecían en no pocos, en él fueron espíritu, cuerpo y razón de existir; voluntad para actuar, analizar y escribir. En su cerebro, como en el conjunto de su obra literaria, revolaban mariposas y colibrís; brillaban luceros y surcaban cometas; poblaban ceibas y xalunes.
La novela “Al este de la flora apacible” tiene un trasfondo histórico de las épocas colonial e independiente en la región de los Cuchumatanes. Por ejemplo, Juan Vaccaro, personaje de la novela en el capítulo Kaq Kuxin, efectivamente existió y destacó por su poder y abusos. Fue Alcalde Mayor en 1770 y conocido como extorsionador, violento y codicioso… Siempre protegido por curas y obispos. Benito Melgar, otro de los personajes, fue comandante militar de Cuilco, municipio suroccidental de Huehuetenango. Nombrado por Justo Rufino Barrios al triunfar la Revolución Liberal, fue conocido en todo el departamento por sanguinario y represivo. Saqueó, robó, violó y asesinó todo lo que pudo. El 14 de septiembre de 1874 se presentó en Soloma, poblado Q´anjob´al, en donde encarceló y fusiló a numerosos Principales.
El motín descrito en el capítulo Kaq Kuxin de esta novela sucedió el 17 de julio de 1898 en San Juan Ixcoy, pueblo Q´anjob´al. Tal levantamiento fue motivado por el exceso de abusos cometidos por los habilitadores, también llamados enganchadores, de las fincas de la Costa Sur. Por ejemplo, deudas por dinero nunca recibido (“cinco que te doy y cinco que te apunto son diez que me debes”), trabajo forzado por deudas vitalicias inexistentes o multiplicadas en las fincas de la Costa Sur. Durante este levantamiento, los indios sojuzgados acabaron con los ladinos del pueblo, entre ellos varios habilitadores y sus familias. La reacción del poder fue torturar y asesinar indiscriminadamente a los dirigentes, a los guías espirituales y a la población indígena de San Juan Ixcoy. Este acontecimiento se conmemora en dicho municipio como el día de “La Degollación”.
Este libro llama la atención hacia una dimensión de nuestra realidad: la de millones de compatriotas indígenas que anónimamente sucumbieron y sucumben de miseria, olvido y violencia a causa del sistema socioeconómico que nos rige. No es casualidad que sus personajes pertenezcan a los estratos más pobres de grupos étnicos indígenas minoritarios y periféricos, incluso dentro del mismo mundo indígena; ni que describa regiones lejanas donde, sin embargo, podemos apreciar los frutos devastadores del sistema que nos rige. La contraparte de la frivolidad, el derroche y el consumismo de las élites capitalinas.
Los vocablos Chuj y Q´anjob´al inundan sus páginas. El autor quiso llamar la atención hacia los idiomas indígenas porque todos ellos son fuente de sabiduría, memoria y belleza; además, depositarios de una cosmovisión dialéctica, profunda, integral.
Sólo quien ha vivido consciente y prolongadamente en los escenarios descritos y entre población indígena paupérrima; sólo quien se ha adentrado en el aprendizaje de sus idiomas puede escribir con la profundidad, exactitud, emoción y sentimiento con que lo hace este autor.
La Novela “Al este de la flora apacible” es memoria de un mundo vegetal y animal que ya no es, pero que llevamos dentro para siempre. Es memoria de un mundo social que sigue siendo y demandando justicia. Es descripción de lugares y personajes reales en su esencia. Es metáfora, poesía, recreación sin fin del idioma. Es aplicación constante, sutil, exacta de las ciencias: meteorología, astronomía, botánica, zoología, geografía, agricultura, pastoreo, ornitología… Expresa lo efímero de la vida personal, lo pequeño que es el ser humano frente al cosmos, la naturaleza y todo lo existente; la preeminencia de la especie sobre el individuo, de lo colectivo sobre lo individual. Es un llamado de atención al peso cualitativo que tiene lo natural dentro de nosotros, y no sólo como parte de nuestro hábitat. Es una valoración de lo natural e irracional (instinto, intuición, emoción, sentimiento), aspectos fundamentales de la vida, desdeñados por la cultura dominante. En esta novela, la vida, la muerte, la realidad, la imaginación, los sueños y las corazonadas se atraen, se funden, pierden los límites entre sí. En fin, es una reflexión filosófica sobre la vida, la muerte, el devenir, la sabiduría animal.
En su trama no ocurre nada extraordinario. Ningún personaje individual es superior al personaje colectivo, al linaje. En ella prevalecen la narración, la descripción y los monólogos. Es una trama no convencional, desconcertante a veces, en la que el autor se funde con el mundo que describe. Vive y siente profundamente lo que sucede en ella. Dota a su obra de un ritmo, cohesión y armonía difíciles de comprender para quienes nos desenvolvemos en el mundo urbano, consumidor, bullicioso, de cemento. Ya no digamos para quienes, además, somos ladinos y capitalinos en este país.
Consciente de que la calidad humanística y literaria son subestimadas por el mercantilismo que nos rige, el cual hace prevalecer la mediocridad y los lugares comunes para venderse masivamente, al autor no le preocupó ni interesó la difusión masiva o espectacular de su literatura. Sabía que escribía para unos pocos y, probablemente, para quedar en la marginalidad editorial. Esta novela constituye un reto que el autor se impuso a sí mismo de adentrarse en el género desde afuera de las modas, el mercado, los moldes. Por lo tanto, esta novela constituye también un reto para sus editores y para sus potenciales lectores. Pues violenta nuestros usos y costumbres occidentales y capitalinos de lectura, comprensión y gustos.

De abusos, motines y rebeliones en Los Cuchumatanes
Al momento de la conquista había en la región Q´anjob’al, más o menos, 260,000 habitantes. A partir de entonces se redujeron a 87,000 (33%) en 1550 y a 41,600 (16%) en 1678. La población de la región descendió drásticamente a causa del maltrato y las enfermedades llegadas de España.
A lo largo de 200 años, los invasores y colonizadores intentaron conquistar a los Lacandones, quienes habitaban las selvas del Yich kan, al norte y nororiente de San Mateo Ixtatán y Santa Eulalia, pueblos Chuj y Q´anjob´al respectivamente. En 1695 todavía hubo incursión española contra ellos desde San Mateo Ixtatán. Ese año, los españoles lograron reducir a algunos Lacandones de Sak-Balum, a donde se habían retirado después de la destrucción de su pueblo Lakantun. El cacique Lacandón Kabnal fue hecho prisionero y enviado a la capital. Por ese motivo fue que, en esos años, los Lacandones realizaron alrededor de 10 incursiones contra San Mateo Ixtatán y Santa Eulalia, donde se habían fortificado sus agresores. Dos de ellas se dieron entre 1593 y 1595 y otras más sucedieron en 1668/69 y 1684.
En 1886 migró población Chuj a México y se asentó en Tziscao. Así evadieron su sometimiento. En 1895, el presidente de México, Porfirio Díaz, les dio la nacionalidad mexicana y les otorgó títulos de propiedad de tierras. En 1970 todavía habían 700 mexicanos de habla Chuj, todos ellos descendientes de familias que migraron en aquel entonces. En Yolnabaj-Asantic aún viven Chuj que nunca fueron reducidos por los españoles.
En tiempos de Estrada Cabrera (1910-1920), un oficial enviado por el general Reyes quiso apoderarse, mediante escrituras falsas y amenazas, del bosque de Momonchakan, perteneciente al pueblo Chuj de San Mateo Ixtatán. El pueblo se amotinó para impedirlo.
En San Mateo Ixtatán existen y son explotadas desde tiempo inmemorial salinas de mina. Pertenecen al pueblo y se administran comunitariamente. Esta sal posee altos niveles de hierro, calcio y magnesio. El agua salitrada de dichas minas debe procesarse para extraerle la sal. Tradicionalmente es trabajo de las mujeres acarrear el agua desde la mina hasta sus viviendas. En tinajas de barro con capacidad para 33 ½ litros de agua
1, con un peso aproximado de un quintal, deben cargarlas desde el fondo de la mina a lo largo de cuatrocientos metros empinados. Luego perderse en los múltiples senderos que llevan a sus casas. En tiempos del General Orellana (1921-1926) estas salinas fueron intervenidas para explotarlas desde la cabecera departamental. El pueblo Mateano se amotinó y fue brutalmente reprimido. Entre otros, murió el guía espiritual Petul Kuxin.
En tiempos de Ubico (1930-1944) se establecieron la Ley de Vagancia y el Boleto de Vialidad para forzar a la población indígena a trabajar en fincas y construcción de carreteras a pico y pala. En estos trabajos ganaban dos centavos diarios. Es decir, treinta centavos en quince días de trabajo de sol a sol. La multa por no cumplir con los días obligatorios era de cuatro quetzales. Todo esto sin contar el “cupo” (reclutamiento forzoso de jóvenes indígenas) del ejército “para civilizar y educar a los indios”.
A partir de 1980, a raíz de la política estatal de masacres y tierra arrasada, se inicia una fuerte migración de Chuj y Q´anjob´al hacia Estados Unidos. Para 1985 se habían ido más de 4,000 (4% aproximadamente) y muchísimos más se refugiaron en México o se desplazaron hacia la capital y otras partes del país.

La novela “Al este de la flora apacible” y el destino de su autor
Pienso que cuando terminaba de escribir la novela, Mario Payeras presintió su pronta muerte y la recreó literariamente, ubicándola en el tiempo y espacio que más lo impresionó y cautivó: las montañas y selvas del noroccidente guatemalteco, donde desplegó lo mejor de su humanismo y asumió su compromiso revolucionario definitivo. Pienso esto porque en sus últimas semanas de vida cambió radicalmente el final de la novela. Además, el autor se funde con los personajes Xhunik y Yakin y convierte el capítulo final B´alam, Mundo Oscuro, en su camino poético, metafórico, hacia la inmensidad sin pájaros.
A través de esta novela se despide de los habitantes y ámbitos de los Cuchumatanes y las selvas del Yich Kan, a donde intuyó que ya no volvería más, sino con su potente pensamiento y debilitado corazón, que no sobrevivió al esfuerzo invertido.

1 A las tinajas plásticas de la actualidad sólo les caben diez litros.

comentarios a la novela Al Este de la Flora Apacible.
por Luz Méndez de la Vega

Largo es el tiempo transcurrido desde que Mario Payeras se hiciera famoso como escritor, con su primera obra testimonial Los días de la selva, o bien con sus ensayos poéticos, como Fragmentos sobre la poesía, las ballenas y la música o Latitud de la flor y el granizo y sus cuentos de El mundo como flor y como invento, obras en las cuales está siempre presente la voz del auténtico poeta que fue desde su admirada obra Poemas de la Zona Reina. Libros por los cuales accedió a un destacado lugar en la literatura guatemalteca, junto a otros de tema histórico-político como El trueno en la ciudad, Los fusiles de Octubre, o bien Los pueblos indígenas y la revolución guatemalteca, denunciadores de la persecución y explotación de una población en su mayoría indígena, pero también de las clases desposeídas mestizas, de las cuales da testimonio como militante guerrillero, indignado frente a las grandes masacres indiscriminadas de pobladores no sólo de los que acuerpaban esa guerra, sino hasta de muchos alejados de la lucha, sólo por formar parte de los pueblos condenados a ser arrasados en las operaciones oficiales exterminadoras.
A ese legado testimonial y literario, ha venido ahora a sumarse póstumamente: Al este de la flora apacible, último libro que, en forma de relato novelado, escribió Payeras, y el cual -dado su prestigio como escritor- sorprende que permaneciera inédito, desde su fallecimiento en 1995, es decir hace más de quince años. Retraso que, ha quedado superado con su reciente tardía pero valiosa publicación, pues, es un relato en el cual, quedaron patentes los conocimientos de nuestra realidad multiétnica y multilingüe, adquiridos por Payeras a su paso en las diferentes regiones del país, así como numerosos datos de hechos, costumbres y hablas de sus personajes según le fueron relatados por sus informantes.
Escrita entre 1990 y 1995, cuando todavía muchos escritores guatemaltecos estaban empeñados a toda costa por encontrar una personal forma de originalidad dentro de las tendencias post-vanguardistas, Payeras se impuso también el dar un giro a su anterior estilo narrativo, hacia una forma de originalidad más compleja y personal como es tan evidente en
Al este de la flora apacible. Estilo experimental tanto en la estructura de un argumento global resultante del entrelazamiento de las diversas historias incidentales de sus numerosos personajes y de las superposiciones de temporalidades, como corresponden a las de la vida de varias generaciones de indígenas guatemaltecos, desde los tiempos pre-hispánicos, a la última década del siglo XX. Complejidad estilística y temporal aumentada por la mezcla de surrealismo y realidad y el predominio del esoterismo de las mágicas historias o leyendas orales a la par de los simbolismos que reflejan los influjos culturales y literarios de documentos o de libros mayas como el Popol-Vuh, o el Rabinal-Achí, entrelazados a hechos testimoniados por él mismo Payeras durante sus años de clandestinidad y luchas de nuestra recién pasado guerra interna.
Todo ese extenuante trabajo, Payeras lo realizó, pese a la grave enfermedad que, con apresurados pasos, lo llevaban desde 1990, a su muerte en 1995. Enfermedad que fue indudablemente la razón de haber dejado el libro inédito e incompleto, pues no pudo realizar las indispensables notas y el glosario aclarador de la abrumadora cantidad de palabras que en distintas lenguas, dialectos, regionalismos y modismos guatemaltecos incluye en la narración y complican su lectura. Escollos que han sido superados en su actual primera edición póstuma, realizada, a finales del 2010 en la editorial Cholsamaj, por su compañera Yolanda Colom, quien durante largo tiempo realizó el arduo trabajo de estudio del manuscrito y de las lenguas y dialectos que figuran en el mismo, hasta llegar a realizar el imprescindible faltante aclarador glosario, notas, mapas, guía del recorrido argumental y presentación del libro al que también quiso dar realce con un acertado Prólogo del escritor Rafael Gutiérrez.
Solamente por la persistencia, el empeño y devoción de Yolanda a la memoria de Mario Payeras, se pudo lograr enriquecer la novela con la adicción de sus varios Apendices que facilitan la comprensión de su texto al lector no especializado, tal como quedó al ocurrir la muerte de su autor, la que presentida por él -"pocas semanas antes de su fallecimiento" él se apresuró en dejar como una especie de explicación, como pareciera en la siguiente Nota de Autor, que antepuso al texto de la obra y por la cual se intuye el apremio con que escribía las últimas páginas de su libro:

"Comencé a escribir esta historia en agosto de 1990, en el poblado zoque de Copoya, en Chiapas, México. Me vi forzado a redactar unas ocho copias. A lo largo del continuado ejercicio mi cuerpo se resintió, y, cada año más o menos, sufrí enfermedades. Como un animal, la novela devoraba mi materia y colmaba de mundos mi imaginación".

Como puede deducirse al confesar que: la novela lo devoraba pero que colmaba de mundos su imaginación, induce a suponer que, si bien ya estaba narrando el simbólico episodio final de la muerte del venado devorado por el puma, aún tuviera algunas ideas más de cómo concluir la novela y que ese no fuese su exacto final, sino uno incidental dejado así por el agravamiento de su enfermedad. Esta sensación, es además resultante del análisis de la continuidad del estilo narrativo que, en forma de cadena de hechos superpuestos se mantiene a lo largo de Al este de la flora apacible; sobre todo porque su imprecisión está aumentada, por la forma peculiar del habla indígena, que va dejando siempre un hecho pendiente por medio de un quizás o un talvez -que tienen un sentido sólo de posibilidad- mientras salta a otro hecho, tal como se observa en los distintos capítulos del libro, en especial cuando se trata de una historia que puede ser presagio de otra futura o bien que es la evocación de una pasada. De tal manera, pues, el puma que devora al venado puede haber sido más incidental que concluyente, como puede observarse en su abrupto final:


Cuando Xhunik y Diego pasaron por el lugar, el joven reparó en la sangre derramada y en las señales de lucha y preguntó qué sería:
-Es talvez el joven sol que ha regresado otra vez del frío para reinar sobre nosotros- replicó Xhunik.


Repuesta simbólica hermética que dentro de la característica del complejo estilo de la novela involucra la ancestral creencia maya de una realidad global con la simultánea temporalidad de un mundo mítico en el cual conviven personajes vivos con personajes muertos, que actúan a igual nivel de realidad, a la vez que la del mundo de los naguales o sea de los animales protectores del destino de cada ser humano íntimamente enlazados a ellos espiritual y físicamente. Creencia en la que se destaca la forma circular generacional o del eterno retorno, como en el caso del peso de la culpa de los padres que debe expiarse, para librar a los hijos de sus efectos, como pudiera intuirse al concluir, la novela en el retorno del joven Diego, acompañando a Xhunik -su envejecido padre-en el viaje que éste hizo al lugar de sus ancestros, para pedirles perdón por haber cometido en su juventud el pecado de incesto. Hecho que al cumplirse, sin embargo dejó aún pendiente el retorno junto a la madre y familia que se quedo esperándolos. Posiblemente de haber escrito una o dos páginas más, Payeras pudiera haber dejado un final -que aunque abierto- fuera menos impreciso que el que finaliza el manuscrito, puesto que Diego y su padre son el hilo conductor del argumento como Payeras reconoce en el Agradecimiento que figura al inicio de la novela:

Expreso aquí a cham Yakin Kuxin, hijo del pueblo Q'anjob'al, mi más sentida gratitud. Gracias a su paciencia y sabiduría acopié numerosos vocablos y maneras de hablar en su espléndido idioma. Tomando como "hilo conductor" su relato sobre la salida de sus abuelos a las selvas de Ixcan, en 1904, imaginé el capítulo segundo de la presente novela.

Relato que en la ficción novelada también se extiende hasta el final del texto entre esa serie de historias que -como una larga cadena- caracteriza
Al este de la flora apacible y queda interrumpida en dicho final. Pese a todas esas complicaciones, esta novela recompensa al lector, al brindarle un panorama de nuestra realidad e historia, junto a las descripciones de nuestra fauna, flora y costumbres, así como a sus impactantes denuncias de los abusos y explotaciones diversas hechas por los patronos finqueros y las autoridades guatemaltecas, desde el principio de la obra, hasta finales del siglo XX. Todo ello, visto y sentido como vivencias personales, gracias a la palabra poética de Payeras que, a cada paso, deslumbra con imágenes y metáforas singulares, que transportan al lector a la visión de regiones inaccesibles y lo hacen vivir como una realidad la majestuosa auténtica belleza de nuestra naturaleza tropical, contrastando con el dolor de los perseguidos y los masacrados.
Es de esperar que concluida la publicación de la novela de Payeras,
con igual empeño Yolanda Colom se dedique a su propia creación literaria, que desde años atrás, obtuvo tantos elogios, como con su admirable obra Mujeres en la Alborada, que la dio a conocer como antropóloga y feminista. Reconocimiento al que ahora se une la publicación Al este de la flora apacible que viene de nuevo a enlazar su nombre con el de Mario Payeras, y a aumentar el prestigio de sus dos personalidades destacadas de auténticos escritores e investigadores de nuestras lenguas y culturas guatemaltecas.

“AL ESTE DE LA FLORA APACIBLE”
Algunas reflexiones sobre esta obra de Mario Payeras
Javier Gurriarán
Noviembre 2010

1.- Mario Payeras escribe esta obra durante los días de su enfermedad final. Dice: "Comencé a escribir esta historia en Agosto de 1990... como un animal la novela devoraba mi materia y colmaba de mundos mi imaginación."

Es de este modo que Mario deja su conocimiento, su experiencia revolucionaria y su entendimiento de los pueblos, de lo que él vivió y comprendió en esta obra póstuma.

Hoy en día, hay miles de millones de dólares disponibles para estudiar todos los aspectos que reviste la pobreza en el mundo, pero no hay nada, absolutamente nada para indagar sobre las resistencias de los pueblos, sobre las resistencias de los pobres, ni tampoco para que éstos puedan transmitir su experiencia histórica.

Es por ello que en esta primera reflexión se significa la fidelidad extrema de Mario Payeras en la entrega de su conocimiento y experiencia. En este sentido con ésta obra deja su legado histórico.

2.- Mario, escribe esta obra años después de haber abandonado la agrupación guerrillera Guatemalteca "Ejercito Guerrillero de los Pobres” (E.G.P.).

Es decir, Mario la escribe después de haber conocido la capacidad del poder del ejército contrainsurgente convertido en Estado, para destruir y descomponer a la sociedad, para desarraigarla y masacrarla, así como también su capacidad para golpear la voluntad revolucionaria y el camino de los pueblos en búsqueda de los cambios necesarios. Escribe pues esta obra Mario, desde su fidelidad a la lucha de los pueblos, a su memoria colectiva y por ende sus luchas revolucionarias.

Ésta obra en si, constituye una remotivación propia de fe y lucha revolucionaria.

3.- En esta obra Mario sintetiza tanto el camino de las palabras escritas por él mismo en otras obras, así como de las imágenes literarias tan propias de él. Es en este sentido literario que Mario Payeras como escritor es un mago. Es decir, una persona, un literato, capaz de hacer palabraescritura y por tanto de hacer realidad, lo que es únicamente producto de su propia experiencia así corno de su propia imaginación.

Considero que su fidelidad a las palabras así como a las imágenes literarias propias, hacen de él un notable escritor del pueblo guatemalteco.

4.- Mario ubica la narrativa de su obra en el espacio y en el tiempo de los pueblos.

-En el Espacio:
Al Este de la Flora Apacible y como espacio y figura narrativa, la Flora al Oeste. Es decir, dos espacios, dos escenarios complementarios y alternativos entre si, la Tierra Fría y la
Tierra Caliente, y el movimiento continuo, siempre en los cuatro rumbos; de Oeste al Este, y del Este al Oeste, Del Sur al Norte y del Norte al Sur.

De Tierra Fría a Tierra Caliente, de Tierra Caliente a Tierra Fría. De siembras de alturas a siembras de tierras cálidas, de mercados de productos de tierras calientes a mercados de productos de tierras frías, tejiéndose entre ambos espacios la seguridad alimentaria para la familia y para las Comunidades, así como la autonomía de los mercados internos, solidarios y fraternos de los pueblos.

Determinan el espacio, las visiones cosmogónicas históricas de los pueblos. Tierras altas, tierras bajas, frío y calor, y el movimiento permanente entre las mismas. Siempre caminos de cuatro direcciones.

Ciclos de vida, ciclos de luz y ciclos de obscuridad, el nacimiento del sol y la entrada de la noche, nuevamente renaciendo el sol cada mañana, luceros del amanecer y luceros del anochecer dando continuidad a todos los planos de la cosmovisión de los pueblos.

Las altas montañas y los profundos y extensos valles de la tierra, determinando lluvias, cosechas, sobrevivencia de futuro y por ende territorialidades de los pueblos.

Altas montañas recogiendo lluvias. Profundos y extensos valles calientes produciendo alimentación alternativa.

Palos y maderas de tierra fría para hacer el tejamanil y brasas que no se consuman durante las frías noches. Palos y maderas de tierra caliente para hacer los cayucos que lleguen por los ríos hasta el mar. Pueblos que vivieron y visitaron dos mares y caminaron durante siglos las altas cumbres de los Cuchumatanes para juntarlos entre sí.

-Los dos espacios, las dos figuras juntas capaces de producir vida y por tanto futuro para los pueblos. Los dos espacios, las dos figuras diversas pero complementandose entre ambas. Dependientes la una de la
otra y la otra de la una. Con vida especifica cada una de ellas y con vida completa propia el conjunto de las dos.
-Un espacio sin límite, iluminado por las constelaciones y oscilado por los movimientos de rotación y traslación del universo.
-Un espacio sin mojones y sin fronteras, respondiendo en los cuatro rumbos a la necesidad de la vida de los pueblos. Un espacio sin límite configurando un Universo redondo, que en donde empieza termina y en donde termina vuelve a empezar.
-Ese espacio, antes vivido y caminado y ahora soñado por los pueblos, ese espacio de valles a cumbres y de cumbres a grandes valles, ese espacio de mar a mar, de agua a agua, del Pacífico al Atlántico, de norte a sur y de sur a norte, de este a oeste y de oeste a este, enriquecido de microclimas y lleno de biodiversidades es el espacio definido por Mario como escenario central de su obra.

5.- En el tiempo:
Un tiempo esférico, redondo, que en dónde termina comienza nuevamente, es decir que nunca termina. Dando continuidad a la vida de los valles y las montañas, al frío y al calor, a la siembra y a la cosecha, al trabajo y a la alimentación, a la vida de las personas, a la vida de comunidades y de pueblos.

Tierra común, espacio común y tiempo común, tejiendo territorialidades y la diversidad en la unidad. Un tiempo que es "cuenta corta" y "cuenta larga".

"La cuenta corta" es decir, el calendario Maya lunar, de doscientos sesenta días, que rige el desarrollo de la vida humana desde el vientre materno hasta su fin visible en éste espacio.

"La cuenta larga", es decir el calendario Maya solar de 365 días, que rige la vida de la tierra y del espacio, y por ende la vida del maíz, la vida de las siembras y la vida de las cosechas.

“La cuenta larga”, o el tiempo o calendario que teje sobre el espacio la vida de las plantas, del chicharro de tierra fría y del árbol del Lacandón de tierra caliente, de los vientos alisios, de la danta y la barba amarilla, de las constelaciones, de las aguas y de los pueblos.

Un tiempo sin reloj que lo mida o lo determine, en el que se trabaja según la necesidad de las personas y de las comunidades y no según la necesidad de los mercados. Un tiempo justo, para la comunidad, de comunión de la comunidad y en comunión con la naturaleza que la rodea.

Un tiempo necesario para los pueblos. Necesario para que los pueblos puedan trabajar, necesario para sus luchas, necesario para sus resistencias, necesario para rehacerse como pueblo y buscar juntos nuevos caminos de sobrevivencia.

6.-Los Actores:
Sobre un mismo espacio, bajo una misma estrella guía, el tiempo pasado, el presente y el tiempo futuro: el abuelo, su hijo y el hijo de su hijo, es decir, el nieto del abuelo.

Pasado, presente y futuro, sobre un mismo espacio, unidos en un mismo tiempo, el tiempo justo y necesario para su pueblo, el pueblo Q' anjob' al. Fundidos en una misma lucha, la lucha por la tierra. Incorporados a la larga marcha de los pueblos, hacia los mantos selváticos del norte del país. A la larga marcha contra el hambre y por la consecución de las tierras calientes y la construcción de nuevas comunidades, en esta nueva tierra, que garanticen no solo su sobrevivencia biológica sino también su sobrevivencia étnico cultural.

Los movimientos de estos actores inmediatos de la obra son en realidad una reactualización de las luchas y de los movimientos de sus propios antepasados que desde las altas cumbres de los Cuchumatanes llegaban a acampar a las playas en el Golfo de México, del mismo modo que los pueblos lacandones de las selvas mexicanas llegaban a acampar a las márgenes del río Yula San Juan, a las márgenes del río Chixoy en lo que hoy se conoce como municipio de Sacapulas, departamento de Quiché.

Es por todo esto que sobre un mismo espacio, bajo una misma estrella guía cubriendo todo el escenario de la obra y dando vida a todas sus escenas, Mario mantiene un único actor profundo en la obra: el pueblo Q´anjob´al.

Un pueblo en lucha, levantándose contra los abusos y agresiones del sistema que lo agrede, resistiéndose a la represión y a la devastación oficial contra él, sembrando, produciendo, cazando, bailando, poblando las altas cumbres de los Cuchumatanes y desplazándose para repoblar las selvas calientes del Ixcan para garantizarse así su futura sobrevivencia como pueblo.

Bajo diversidad de expresiones lingüísticas, tinamit, tenam, konob´, un sólo entendimiento común de los pueblos, de que éstos, los pueblos se integran por comunidades o colectivos que históricamente han compartido y mantenido una misma experiencia lingüística cultural, política y económica y que son parte integral e incluyente de esta experiencia compartida de los colectivos humanos, la tierra, el agua, los bosques, los animales y las plantas.

Es también entendimiento común de los pueblos, de que solamente una interrelación digna y profunda de todas estas partes que lo integran podrán garantizar la sobrevivencia y la vida futura de un pueblo así entendido.

Es también sobre este entendimiento de los pueblos que ellos mismos han establecido sus propias territorialidades históricas.

Son estos pueblos entendidos y comprendidos por ellos mismos de esta manera los que renacen una y otra vez históricamente a pesar de las múltiples agresiones que han sufrido de sistemas ajenos o extraños a ellos.

Han sido estos los pueblos de la resistencia, los pueblos antiinvasión, anticolonia, antisistema liberal, anticapitalistas y antisistema neoliberal globalizante actual.

La destrucción de estos pueblos y de estas comunidades han sido históricamente un objetivo central de los sistemas que han detentado el poder en el país.

Intentar penetrarlos, dividirlos, devastarlos, concentrarlos y reducirlos es parte de la historia política de Guatemala.

Al mismo tiempo la resistencia de estos pueblos ha sido una de las fuerzas que coadyuvan a detener la destrucción del planeta.

7. La lucha por la sal negra de San Mateo, las contradicciones en la vida son parte de las escenas de la obra. EI bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, la vida y la muerte acompañan un submundo de cosmovisiones y de hechos tan reales como los del mundo que observamos en la vida del pueblo Q'anjob'al.

Finalmente y como última reflexión: esta obra literaria de Mario Payeras constituye un canto poético al movimiento.

Un universo que se mueve, se mueve la tierra, las constelaciones, el espacio, el tiempo. Se mueven los pueblos, las comunidades, las familias y las personas, se mueven la flora y los cerros tanto de norte a sur, corno de sur a norte y de este a oeste, como del oeste al este.

Escenarios en movimiento, tiempo en movimiento y actores en movimiento sin romper la unidad ni los escenarios ni del tiempo ni de los actores. Se mueven los rumbos, se mueven los números y se mueven los colores.

Hay principalmente dos escenas en las cuales el autor expresa de manera extrema el movimiento. Uno la descripción de la danza o el baile en Los Cuchumatanes, representando la caza del venado por parte del puma "originando la sucesión de oscuridad y luz de muerte y vida de tierra y cultura".

Lo que los bailadores representan en esta danza ante la cual "Xhunik B'ixum sollozó ante tanta belleza" es la última escena de la obra de Mario en la cual narra la caza del venado por parte de un puma, también expresión máxima del movimiento.

Esta repetición de movimientos en la danza y en la escena de la caza llevan a la continuidad de los ciclos de vida y muerte, oscuridad y luz, tierra y cultura y establece la permanencia infinita del movimiento.

La fidelidad de Mario al sentido, a la memoria de los pueblos, a sus cosmovisiones y a su sentido cultural, es realmente sorprendente.

Después de leer ésta obra y de caminar por el camino cultural de los pueblos, bien se podría decir que lo que se mueve existe.

COMENTARIO DEL LIBRO: TZ'UTZ'
Al Este de la Flora Apacible
Maestro Gaspar Pedro González
Lingüística y escritor Q´anjob´al

En el principio de los tiempos, / cuando se abrieron las compuertas del mundo de arriba, / llovió piedras, bosques, flores, peces, / venados, gatos de montes, armadillos, / amaneceres, primaveras... / seres definitivos para unos, / mientras que para otros, tan solo primeras imágenes...

En los actuales tiempos, cuando por todos lados escuchamos voces hacia la valoración del medio ambiente y de la protección de la madre naturaleza; ya sea por motivos económicos, políticos o porque el tema está de moda en el lenguaje internacional...quizá por el acercamiento del final del trece b'aktun; mucha gente habla de la naturaleza porque lo ha leído en un libro, visto en una película o porque es producto de su imaginación.

Pero pocos, como Mario Payeras, nos pueden hablar con propiedad y con autoridad sobre este tema de las plantas convertidas en vegetación y
los animales convertidos en el entorno natural de los hombres y las mujeres que pueblan nuestras regiones más apartadas del país.

Guatemala no es sólo esta urbe circundada por las montañas aledañas que alcanzan a ver con la vista los capitalinos; Guatemala no es sólo el ulular de las sirenas y las bocinas de la ciudad; no es sólo la vida nocturna y
los centros comerciales.... Es sobre todo, esas serranías en donde las grandes mayorías desarrollan sus vidas en las apacibles llanuras y valles del interior, las altas montañas en donde aun no llega la luz eléctrica y el ruido de las ciudades; es allá donde aun se respira el aire puro y el agua cristalina de que nos habla el autor.

Allá, quizá no exista la comodidad que ofrecen los centros urbanos; tal vez no está atestado de la nueva tecnología en que gastamos nuestra atención y
nuestras vidas; su oferta no es la lista interminable de los artículos del consumismo cada vez más incontrolable...Allá, detrás de la gran cortina de los montes Cuchumatanes, la vida transcurre apacible, bajo el cobijo de las neblinas, bajo la sombra de la espesa vegetación y entre la flora y la fauna propia de la región, desarrollan su vida los hombres y las mujeres con otra visión del mundo y de la vida.

De
ese otro mundo, que es nuestro y muchas veces no lo conocemos, nos trae para nuestro solaz y esparcimiento, Mario Payeras, retazos y páginas de belleza hilvanados con palabras e imágenes añejas y reales; cosechados por sus propias manos en medio de esa naturaleza viva y verde y nos lo ofrece en canastos de palabras, con su olor, con su sonido, sabor y colores... de la región de los Chuj, de los Q'anjob'al, aun desconocidos por el mundo. Esa huella ecológica de una parte lejana a nosotros, la podemos contemplar a través de la ventana que nos abre en forma mágica el autor; a través del cual contemplamos escenas como:

Hombres y mujeres que desfilan empapados bajo la llovizna de la cultura; historias y acontecimientos que tienen sus raíces más allá de las fronteras de la palabra; parajes elocuentes que presenciaron el paso de otros tiempos; animales convertidos en otros "yos" envueltos en la magia y el colorido de las leyendas; mitad reales, mitad mitos, en perfecta yuxtaposición de lo tangible con lo intangible; vemos vegetación en permanente dinámica por los ciclos de los ciclos de la vida... Su espíritu, del autor habrá sido cautivo por los animales de monte, comenzando por ese TZ'UTZ', el chej, los wax... o quizá en noches k'atxanes (despejados) y color de obsidianas, y bajo la bóveda estrellada contemplando el firmamento, en donde sobresalía el Motz, y el Puj, él escuchó el rugido del b'alam, del oq, del koj...

Intuimos que el autor, sin duda alguna, su espíritu se deleitó con la polifonía de los pájaros en medio de la selva virgen, como los: syon, los pirinchuk', los b'ulb'ul, los josomte' o los k'isom satkan...
Quizá haya tenido experiencias como esta:



Entre grandes árboles de pie, /Va serpenteando un caminito entre la hojarasca./ Bajan los rayos de sol, /comienza una fiesta de pájaros/ que vuelan entre las ramas: hay pequeños, hay grandes/ rojos, pintillos, amarillos, verdes.../tuktuk, tuktuk, el pájaro carpintero;/ wilontomi, wilontomi, wilontomi...cantan los syon/ k'itk'it, k'itk'it canta el pirinchuk', /un azulejo que posa entre las ramas: xher, xher, xher...ch'it, ch'it, ch'it; el colibrí entre las flores.

Abundan entre los árboles,/ picotean las frutas maduras/los q'aq, los
iximte', los chulub'/ les encanta su sabor agradable/, hacen gran ruido de fiesta.

Yo estoy recostado en un gran árbol,/viendo cómo vuelan las nubes/

¡¡¡Así se va volando lejos mi corazón!!!

La relación del hombre con su entorno queda esculpida en la cultura, ese sistema de procesar, comprender, interpretar y comunicar la vida y el mundo, en forma dinámica dentro del devenir del tiempo. Que allá, ocurría con características propias dentro de la pluralidad de las cosas de este país, multicultural y plurilingüe.

En el escenario de la jungla, ajena al mundo occidental, el autor, al ir persiguiendo un ideal como se persiguen las mariposas de bellos colores, se topó con
"ese otro mundo" que lo atrapó, lo hizo suyo y le permitió beber en sus fuentes cristalinas junto al venado que baja a los manantiales; junto al jaguar en el reino de la quietud y del silencio; junto a las manos callosas de los cargadores de sal negra y los aj txaj quemadores de pom ante el santo mundo. Se identificó con ellos a la orilla del fuego en donde seguramente comió de sus tortillas recién salidas del comal, en donde dejó estampada sus huellas en los senderos bajo los árboles y junto a los arroyos. El pudo descifrar secretos de los hombres sobre la vida y sobre lo que hay más allá de la vida: las enfermedades como Señores Seres Vivientes; la doble identidad de las personas a través de los nawales en el alter ego de la cosmovisión; el desciframiento del mundo de los Señores del Txolq'in; el significado metafísico de las cosas o el arte de vivir en medio de la naturaleza.
Dentro de la trama y urdimbre de una clandestinidad bajo los bejucos, sin duda el hacedor de palabras pudo desenmarañar las telarañas de su propia cultura
(la del mosó) para trascender las fronteras de un ámbito ajeno, profundamente vivo y elocuente. Pues vemos a través de su trabajo, que la transportación de su espíritu hacia ese otro espacio, le ha permitido apropiarse del protocolo y los códigos de la vida q'anjob'al en su entorno material y espiritual; fue un interlocutor digno de los manejadores de la palabra, los manejadores del tiempo y de los elementos para la vida.

En los tiempos que Mario anduvo entre los Q'anjob'al, la gente lo recuerda así:

Yetwal payxa tu'...¡AQUELLOS AÑOS!/Sobre los viejos tejados de barro/Y tan calladamente, /Como pasos de felino llegaban las noches. /La familia, mirándonos a los ojos en el desamparo, /Sin decir palabras, /Bajo esos tejados silenciosos, /Nos estrujábamos el corazón entre los dedos. /Pasaban las horas como eternidades, /Intuíamos los ojos que nos vigilaban desde la penumbra,/ Con las cabezas de los niños sobre nuestras rodillas, las puertas atrancadas, así llegábamos al primer canto del gallo, al segundo, tercero... hasta el amanecer./ Vendría la muerte, quizá hoy, quizá mañana...

A través del TZ'UTZ', se presenta ahora, a la juventud, se ofrece a la sociedad en general, un cargamento de ese algo de lo nuestro que aun no hemos conocido y no hemos valorado. Con la esperanza que en lugar de una literatura lejana a nuestra realidad, los educadores guatemaltecos y los centros de enseñanza, comiencen a incluir dentro de su bibliografía lo que nos acerca a nosotros mismos, tal vez así podemos comenzar a construir una identidad nacional que tanta falta hace.

YUJ WAL TVOXH.

MUCHAS GRACIAS.